ESCLAVITUD EN EL SXXI

“La explotación sexual es un vehículo para el racismo y la dominación del “primer mundo”, que victimiza de manera desproporcionada a las mujeres del “tercer mundo”.

Hay que diferenciar entre la prostitución ha sido calificada eufemísticamente como la “profesión más antigua del mundo”, ya que se conoce prácticamente desde que existen registros históricos de algún tipo, y en prácticamente todas las sociedades.

Mientras que la trata son mujeres que están obligadas a prostituirse. En muchos casos se trata de un fenómeno relacionado con la inmigración ilegal donde las mafias operan para secuestrar y vender a estas mujeres a otros países para prostituirse. La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) ha puesto en marcha varias iniciativas para luchar contra esta lacra del tráfico de personas, especialmente de mujeres y niños.

Cada día miles de mujeres y niñas traficadas desde los países del llamado “tercer mundo” engrosan las listas de víctimas de la trata de personas. Mujeres y niñas que son transportadas como objetos de un lugar a otro con un solo fin: ser explotadas como mercancía sexual y llenar los bolsillos de los mafiosos que se aprovechan de la difícil situación en la que se encuentran. 

Ya que las prostitutas y los prostitutos mantienen habitualmente relaciones con un elevado número de clientes, la prostitución se asocia con la dispersión de enfermedades de transmisión sexual. Entre éstas, el sida es la que actualmente reviste un mayor riesgo.

Las respuestas a este problema pueden ser, o bien intentar prohibir definitivamente la prostitución, o establecer un registro de las prostitutas y prostitutos encaminado a que realicen controles médicos periódicos, o animar de manera informal a prostitutas y prostitutos, y a sus clientes, a utilizar medios de protección y a someterse a revisiones médicas.

Prohibir la prostitución significa que ésta se convertiría en una actividad a escondidas, con lo cual aumentarían aún más los problemas sanitarios, y también criminales. La segunda alternativa, consistente en llevar un registro de las prostitutas y prostitutos, convertiría al estado en cómplice de esta actividad, y no solucionaría el control sanitario de todas aquellas personas que trabajan en esta profesión de manera oculta.

Por lo que nos encontramos en un callejón sin  salida, porque mientras halla demanda la oferta existirá y al final las grandes perjudicadas son ellas mismas.

La necesidad las hace victimas, pero los verdugos son los que las utilizan.

Me pregunto si aquellos  que acuden a estos servicios les gustaría pensar que ese es el trato que le gustaría para sus madres, sus hermanas o sus hijas.


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