¿VIVES PARA TRABAJAR?

El éxito eres tú mismo, lo que has hecho y cómo lo has hecho. Maya Angelou

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Hoy quiero reflexionar sobre como influye en la felicidad y en la vida el antes, el durante y el después de encontrar un trabajo (en estos momentos tan díficiles).

La sociedad del consumo convierte el mundo del trabajo en mero instrumento para poder consumir, ya que lo que la persona tiene (el consumo) depende de lo que hace (trabajo). En realidad, el trabajo en muchos casos configura las 24 horas del día, y no sólo las ocho horas de jornada laboral, por lo que hay personas que no tienen una vida después de su empresa y este hecho se asocia en algunos momentos con el éxito rotundo, aunque a mí esto me parece un fracaso total..

Estudios científicos de los centros de investigación de la salud de EEUU (los famosos National Institutes of Health del Gobierno federal de EEUU) han mostrado que la variable más importante para explicar la longevidad (es decir, los años que una persona vive) de los ciudadanos estadounidenses es el tipo de trabajo que realizan. A mayor calidad del trabajo (es decir, a mayor posibilidad de mostrar en su puesto de trabajo la creatividad que todo ser humano tiene, a mayor control de su ambiente laboral y de sus condiciones de trabajo y a mayor satisfacción con su trabajo), mayor es el número de años que un ciudadano vive.

Ahora bien, para tener un buen trabajo primero hay que tener trabajo. Y este no abunda. Y ahí comienza el problema. Si todas las personas que desean tener trabajo (que son la mayoría de personas adultas) lo consiguieran y hubiera pleno empleo, la demanda no sería sólo de empleo, sino de buen empleo. Un buen empleo sería el objetivo central de la mayoría de la población adulta. Pero cuando hay un elevado desempleo, entonces las demandas disminuyen y se pide trabajo y punto, sin añadir “buen”, que es la situación en la que nos encontramos ahora, con un elevadísimo paro.

La Administración Roosevelt con el New Deal, cuando el desempleo, durante la Gran Recesión, aumentó considerablemente. Dictó una ley en 1940 que estableció la semana laboral de cinco días, cuando antes era de seis días. Este cambio fue enormemente importante y, además de aumentar la calidad de vida de la población trabajadora (y de sus familias), aumentó enormemente la oferta de trabajo.

El fin ni justifica los medios, de ahí la importancia de un trabajo, en el que la dignidad y la realización dentro y fuera del ámbito laboral sea lo primero.

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