Carta para la Navidad del Año 2050

angeles navidad2

Queridos nietecitos, esta carta la he escrito en el año 2012 para que algún día cuando existáis poder leerosla, he tenido que pensar con que edad será abuelita para poder poner el año de mi Carta de Navidad.

Os quiero contar mis recuerdos de una  Navidad hace años cuando Sarita era sólo una niña:

Mamá, que lo sabía todo, me había repetido una y otra vez que el Ángel de la Navidad sabía, veía y evaluaba todas nuestras acciones. Durante el año nos decía que teníamos que ser buenos y aquella frase de la que tanto aprendí:  “Yo no puedo portarme bien por ti. Sólo tu puedes optar por ser un buena”.

Los ángeles tenían cosas más importantes que hacer con su tiempo.

Aún, con mi limitada sabiduría de un niña de siete años, había decidido que, en el mejor de los casos, el Ángel sólo podía vigilar a dos o tres niños a la vez… y ¿por qué habría de ser yo una de éstos? Las ventajas, ciertamente, estaban a mi favor. Y además, los ángeles son buenos  y chivarse a los Reyes Magos era muy feo.

De todos modos, no estaba muy segura de creermelo, porque habías años que no me portaba tan bien como otros (porque mala nunca he sido :)) y me seguín trayendo muchos regalos.

Como sucede en la mayoría de las casas, la Navidad era mágica, nos uníamos toda la familia para poner el Belén y el árbol, mientras papa ponía villancicos y con su mente ingenieril creaba caminos, canales y puertos donde el agua se movía de verdad, bajo la atenta mirada de 18 ojitos.

Estoy segura de que sucede con todos los niños, pero era casi imposible dormir en la Noche de Reyes. ¿Por qué sucede que en la mañana siguiente, por poco que se duerma la noche anterior, nunca resulta difícil despertar y levantarnos?

Así ocurrió esa mañana. Se levantó la pequeñaja (vuestra tía abuela Mariolita que ya no es una niña)… y en cuestión de minutos apareció en todas nuestras habitaciones, para que nos levantáramos y saliéramos disparados hacia la cama de papá y mamá, donde nos metíamos todos y no parabamos de saltar y hacerles cosquillas hasta despertarles.

Bajabamos corriendo las escaleras hasta el salón con la puerta cerrrada como siempre. Papa, entró como todos los años con la máquina de video, a decirnos que no había nada, como era costumbre, para acto seguido difrutar como un niño viendo nuestros ojos abiertos como platos cuando veíamos junto a  nuestros brillantes zapatos, todos aquellos regalos.

Siempre recordaré, como vuestros bisabuelos no abrían sus regalos hasta horas después de ver como los abríamos nosotros, jugar y escucharnos, con aquella dulzura y cariño imposible de explicaros con palabras.

Jamás me olvidaré de todas y cada una de aquellas navidades.

Cada año,  me sirvió y me sirve para darme cuenta de lo que mis padres (los bisabuelos) nos quieren a todos y a cada uno; de sus esfuerzos y sacrificios por darnos lo mejor, de las veces que nos han perdonado  y que siempre nos esperan para darnos otra oportunidad.

Desde entonces, la vida no siempre ha sido justa . … pero nunca olvidé que cuando hay perdón y  las cosas se comparten, cuando se da otra oportunidad y Amor sin límite, el Ángel de la Navidad siempre está presente y siempre es Navidad.

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