No podemos gustarle a todo el mundo

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Una de mis mayores descubrimientos a nivel personal fue tomar conciencia de lo que denomino “desprendimiento de los resultados”. Esto no significa que no tenga objetivos ni sueños por lo que luchar, tan sólo consiste en dejar de esperarlos hasta tal punto que me quiten la paz y sobre todo, a la aceptación de que lo que haga puede no ser aceptado por todo el mundo.

Simplemente tenía que trabajar y hacer aquello que me acercaba a mis objetivos y sueños, y repito MIS objetivos y MIS sueños, no los que los demás esperaban de mí.

Para llegar a este punto tuve que trabajar mi propia seguridad y tener claro que es lo que quería y luchar por ello.Cuando era pequeña recuerdo que cada vez que tenía que elegir algo: la carrera, un vestido o las vacaciones la sensación, de que me equivocaría era continúa y me paralizaba.

Recorde la fábula del centauro:

¿Estaría toda la vida como el centauro pensando quien era?

Me negué a ello y para eso el primer paso era conocerme a mi misma y  di un paso más al darme cuenta que no elegía porque temía que mis elecciones no fueran acertadas y las criticará el resto. Fue entonces cuando me contaron este cuento que para mi fue muy útil:

Había una vez un anciano y un niño que viajaban con un burro de pueblo en pueblo. Puesto que el asno estaba viejo, llegaron a una aldea caminando junto al animal, en vez de montarse en él. Al pasar por la calle principal, un grupo de niños se rió de ellos, gritando:

-¡Mirad qué par de tontos! Tienen un burro y, en lugar de montarlo, van los dos andando a su lado. Por lo menos, el viejo podría subirse al burro.

Entonces el anciano se subió al burro y prosiguieron la marcha. Llegaron a otro pueblo y, al transitar entre las casas, algunas personas se llenaron de indignación cuando vieron al viejo sobre el burro y al niño caminando al lado. Entonces dijeron a viva voz:

-¡Parece mentira! ¡Qué desfachatez! El viejo sentado en el burro y el pobre niño caminando.

Al salir del pueblo, el anciano y el niño intercambiaron sus puestos. Siguieron haciendo camino hasta llegar a otra aldea. Cuando la gente los vio, exclamaron escandalizados:

-¡Esto es verdaderamente intolerable! ¿Han visto algo semejante? El muchacho montado en el burro y el pobre anciano caminando a su lado.

-¡Qué vergüenza!

Puestas así las cosas, el viejo y el niño compartieron el burro. El fiel jumento llevaba ahora el cuerpo de ambos sobre su lomo. Cruzaron junto a un grupo de campesinos y éstos comenzaron a vociferar:

-¡Sinvergüenzas! ¿Es que no tienen corazón? ¡Van a reventar al pobre animal!

Estando ya el burro exhausto, y siendo que aún faltaba mucho para llegar a destino, el anciano y el niño optaron entonces por cargar al flaco burro sobre sus hombros. De este modo llegaron al siguiente pueblo. La gente se apiñó alrededor de ellos. Entre las carcajadas, los pueblerinos se mofaban gritando:

-Nunca hemos visto gente tan boba. Tienen un burro y, en lugar de montarse sobre él, lo llevan a cuestas. ¡Esto sí que es bueno! ¡Qué par de tontos!

La gente jamás había visto algo tan ridículo y empezó a seguirlos. Al llegar a un puente, el ruido de la multitud asustó al animal que empezó a forcejear hasta librarse de las ataduras. Tanto hizo que rodó por el puente y cayó en el río. Cuando se repuso, nadó hasta la orilla y fue a buscar refugio en los montes cercanos.

El molinero, triste, se dio cuenta de que, en su afán por quedar bien con todos, había actuado sin el menor seso y, lo que es peor, había perdido a su querido burro”.

Es imposible gustarle y a actuar como quieren todos.

Y fue entonces cuando recordé aquel capítulo de “Mis zonas erróneas” de Wayne W. Dyer que dice: “Mira por encima de tu hombro. Te darás cuenta de que tienes a tu lado un compañero que te acompaña constantemente. A falta de un nombre mejor llámalo (Tu-Propia-muerte.) Puedes tener miedo a este visitante o usarlo en tu propio beneficio. De ti depende la elección.

Siendo la muerte una propuesta tan eterna y la vida tan increíblemente breve, pregúntate a ti mismo: “¿Debo evitar hacer las cosas que realmente quiero hacer?”, “¿Viviré mi vida como los demás quieren que la viva?”. Lo más probable es que tus respuestas se puedan resumir en unas pocas palabras:

Vive… Sé tú mismo… Goza… Ama.

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