No permitas que nadie te quite la confianza

confianza en uno mismo
Nadie puede hacerte sentir inferior sin tu consentimiento.-Eleanor Roosevelt.

Recientemente, Campofrio sacó su anuncio: “Deliciosa Calma”, que tuvo cierta polémica porque algunos lo han tildado de “plagio” de un corto que paradójicamente se había hecho hace unos años y con el que presenta más que una considerable semejanza. Este corto se llama “El menú de ayer” os lo pongo más que por la polémica (juzgar vosotros mismos) sino por el mensaje que me pareció interesante.

Al ver el vídeo me pregunté: ¿Acaso como dice la protagonista la sociedad se ha quedado sin valores? o ¿han sido las personas las que se han olvidado de creer en ellos y vivirlos?. Fue entonces cuando recordé la metodología de creada por Simon Dolan “Coaching por valores” que define los valores como aquellos que representan nuestra predisposición para actuar más allá de las circunstancias o las necesidades que tenemos. En definitiva, son el ADN de nuestro comportamiento y nos definen tal y como somos. Por tanto si no somos coherentes con ellos seguramente la infelicidad será una de las primeras consecuencias.

Algunas veces trabajando como coach me he encontrado a personas que no sabían identificar sus propios valores porque la opinión de los demás o de personas tóxicas les habían hecho dudar de sus propios cimientos haciéndoles pensar que no debían de valorarse.

Reflexionar sobre qué es lo queremos y lo que no, nos lleva a realizar un cambio de vida que debe estar alineado con nuestros propios valores esenciales, y repito NUESTROS. Debemos trabajar sobre nuestra propia confianza, en lo que somos, lo que queremos y lo que no.

Por eso quería compartir con vosotros un cuento que me gusta mucho sobre la importancia de confiar en nuestros valores y en nosotros mismos se llama:  “El califa que apostó su confianza”

Cuentan que hace muchos años vivía un califa avaro y cruel que sentía verdadera pasión por las apuestas. Se decía que sólo apostaba cuando tenía la certeza absoluta que iba a ganar. Y para ello imponía las condiciones de la apuesta para asegurarse que siempre la victoria.

Una mañana, al salir a uno de los patios, vió una enorme pila de ladrillos. Al instante gritó: “¿Quien quiere apostar conmigo?”. Niguna de las personas que estaban en el patio respondió dado que conocían sus temibles condiciones a la hora de apostar.

El califa enfadado por el silencio de las personas ante su ofrecimiento, volvió a decir: ” Apuesto a que nadie es capaz de transportar esta pila de ladrillos con sus manos de un lado al otro del patio antes de que el sol se ponga”.

Un joven albañil que se encontraba ahí, le preguntó :”¿Cuál sería la apuesta?”

“Diez tinajas de oro si lo consigues”, le respondió el califa.

“¿ Y si no lo consigo?”, le preguntó el joven albañil.

“Entonces te cortaré la cabeza”, le contestó el califa.

El joven albañil, tras dudar unos minutos, le contestó: “Acepto la apuesta con una condición:podrás detener el juego en cualquier momento y, si lo haces, sólo me darás una tinaja de oro”.

El califa, sorprendido por la condición impuesta por el joven y tras meditarlo para tratar de encontrar donde estaba la trampa, aceptó la condición solicitada por el joven albañil. Y la apuesta empezó.

El joven empezó a transportar los ladrillos con sus manos y tras una hora de trabajo, sólo había transportado una pequeñísima parte de los ladrillos.Y sin embargo, sonreía.

“¿Por qué sonries?”, le preguntó el califa. “Está claro que vas a perder la apuesta. Nunca lo conseguirás”.

” Te equivocas”, le contestó el joven albañil.“Estoy seguro de que voy a ganar”

“¿Cómo es eso posible?”, le preguntó el califa sorprendido.

“Porque te has olvidado de algo muy sencillo y por eso sonrio”, contestó el joven albañil y siguió transportando los ladrillos.

Ante esa respuesta, el califa empezó a inquietarse. ¿se habría olvidado de algo? la condición parecía sencilla y era imposible poder transportar los ladrillos en el día. Harían falta varios hombres más.

Al cabo de varias horas, el califa le volvió a preguntar al joven albañil si seguía convencido de ganar. La respuesta fue la misma acompañado de una gran sonrisa.

El califa se sentía cada vez más agitado. ¿Cómo era posible que fuese a ganar?. Empezó a sudar ante la posibilidad  de perder la apuesta y 10 tinajas de oro. Consultó con varios matemáticos, astrólogos y todos le dieron la misma respuesta: es imposible que un sólo hombre pueda cumplir la apuesta.

A medida que iba pasando el día, el califa se sentía cada vez más turbado, pese a que la pila de ladrillos estaba casi entera. Estaba claro que no iba a ganar la apuesta, entonces ¿por qué sonreía?.

” ¿Por qué sonries?“, le preguntó nuevamente el califa cuando quedaba ya unas pocas horas para que se escondiese el sol.

El joven albañil, pese al cansancio, le respondió: “Sonrio porque voy a ganar un tesoro”

“Eso es imposible”, le dijo el califa. “El sol está en la segunda mitad del cielo y la pila de ladrillos es muy alta todavía”.

“Has olvidado algo muy sencillo”, le contestó nuevamente el joven albañil.

“¿Qué me he olvidado?, le preguntó el califa consumido por la posibilidad de perder.

“¿Quieres detener el juego, entonces?”, le contestó el joven. “Eso significará que habré ganado la apuesta y habrás perdido una tinaja de oro”.

“¡Sí, si!, ¡díme qué me he olvidado!. ¿Es algo sencillo?”, le preguntó el califa.

“No has prestado la suficiente atención a la condición que puse”, le dijo el albañil.

“Pero si no he hecho otra cosa que pensar en ello”,protestó el califa.

“Sí, pero sin comprender que para mí una tinaja de oro es un inestimable tesoro. Desde el principio sabía que no podía ganar la apuesta pero yo sólo quería una tinaja. Y tu te jugabas 1o tinajas “, le dijo el joven.

“Te has olvidado de lo más sencillo”, prosiguió el joven. “Te has olvidado de que podías perder la confianza en ti mismo”.

No importa a quien tengas enfrente o al lado no dejes de ser tal y como eres, tus valores te definen, debes confiar y luchar por ellos.

 

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